23/09/2009
De cómo los panistas se echaron a perder
La tragedia del PAN... y de nosotros
por Juan Pablo Roiz
¿En qué momento se fastidió el PAN? Desde antes de llegar al poder, cuando le apostó todo a “la lógica del poder”.
Eran los días aciagos de la primavera de 1995, cuando el gobierno de Ernesto Zedillo tuvo que luchar a brazo partido por enderezar un barco que se hundía (México) y a duras penas pudo contar con el número suficiente de priístas para aprobar en el Congreso el durísimo, implacable programa económico. Sí, aquél del IVA al 15% con su “roqueseñal”. ¿Dónde estaban los prohombres del PAN? Criticando ferozmente al gobierno, medrando con la crisis, viendo pasar el cadáver de su eterno adversario frente a su tienda y tal vez haciendo las cuentas, no tanto de la tragedia del país, sino de cómo la tragedia los podía catapultar al poder. Lo recuerdo bien: Decenas de miles de “panistas urbanos a domicilio” (no militantes, sino seguidores o simpatizantes que salíamos del armario cada elección federal, calladitos y ordenaditos, para votar por los candidatos del PAN, que eran “gente decente”, GCU, “Gente Como Uno”) padecíamos, como todos, la crisis del error de diciembre, pero también había un no tan discreto regocijo porque veíamos en el horizonte, por fin, el ocaso del PRI. Como muchos otros yo lucía en la defensa trasera de mi automóvil la calcomanía con la leyenda demoledora: “A mí no me culpen, yo no voté por el PRI”.
En los días difíciles de 1996-1998 cuando el último gobierno del PRI tuvo que pasar el trago más que amargo del Fobaproa, ¿dónde estaban esos mismos prohombres del PAN? En la cámara de diputados regateando ferozmente su apoyo, poniendo condiciones absurdas (que en ese momento habrán parecido valientes conquistas ciudadanas) como vetar en la configuración de lo que sería el IPAB a todos aquellos que hubiesen tenido que ver con la privatización de la banca y con su posterior regulación (por ejemplo, Guillermo Ortiz Martínez), y a los panistas a domicilio de las ciudades aquello nos parecía correcto, lo que tenía que hacer una gallarda oposición, intransigente, pura e impoluta. Bravo. La “gente decente” estaba en el umbral del poder.
Y en los días igualmente difíciles de 1998-1999 cuando el gobierno de Ernesto Zedillo ya ni siquiera contaba con los priístas suficientes para apoyar una reforma energética, ¿dónde estaban los prohombres del PAN? Ahí mismo en la cámara de diputados diciendo que no, aliados inopinados de una izquierda reaccionaria y de los “nacionalistas revolucionarios” del PRI enemigos acérrimos del los tecnócratas, oponiéndose. ¿Por qué?, ¿acaso porque la reforma energética habría sido un retroceso?, ¿acaso porque atentaba con los principios doctrinales del PAN? No, a esas alturas esas cosas –como los principios, el bien del país, la “victoria cultural o moral”, la dichosa “doctrina”- ya estaban en el segundo o en el tercer plano, los prohombres del PAN, y con ellos decenas o centenas de miles de panistas domiciliarios, “gente decente”, ya estaban (estábamos) instalados en la perversa “lógica del poder”: Mientras peor mejor, no hay que darle nada al PRI, no hay que tener piedad con esos desgraciados que han oprimido al país durante seis décadas o más. Y nada, no hubo reforma energética. Supongo que en ese momento los prohombres del PAN y muchos simpatizantes, “gente decente”, vieron el asunto como una mera cuestión táctica: Esas y otras reformas, mucho más audaces y visionarias, modernas e impolutas, se aprobarían después, como por arte de magia, apenas el PAN llegase a Los Pinos. Y llegó el PAN.
Sin duda, estas remembranzas tienen hoy un sabor muy amargo. Felipe Calderón Hinojosa, uno de esos prohombres panistas que se instalaron entonces en la lógica del poder, es hoy Presidente de la República y ahora sí, ¡después de casi nueve años de “gobiernos” del PAN instalados en Los Pinos!, parece entender que los problemas de México son más importantes que las escaramuzas electorales del PAN, del PRI o del PRD. Por fin, parece haber asimilado una “lógica de responsabilidad de Estado” y voltea a su alrededor pidiendo superar las mezquindades partidistas para no sólo enderezar un barco (las finanzas públicas) amenazado con irse a pique, con medidas dolorosas pero necesarias, responsables, sino para hacer reformas estructurales imprescindibles, urgentes.
¿Y dónde están ahora los “panistas domiciliarios”, esos cientos de miles, millones, que soñaron con “el cambio” en el año 2000? Pues la mayoría sigue en el mismo lugar, con la misma gente, haciendo lo mismo que suelen hacer las clases medias vapuleadas: quejándose del gobierno, que –dicen- salió igual o peor que el PRI. Haciendo gala de miopía aldeana, cuidando su parcelita, regateando el pago de impuestos, transando porque “el que no transa, no avanza”, pero “no más poquito”, porque aún queremos parecer “gente decente”. Convencidos de que “este país no tiene remedio”. Cosiendo con retazos de aquí y de allá su ideología domiciliaria, para estar en casa, en pantuflas: un poquito, muy poquito, de liberalismo económico por aquí, mucho mercantilismo y capitalismo de compadres por acá, otro tanto de golpes de pecho para que no se diga que no somos decentes, algunos suspiros de nostalgia por Carlos Salinas de Gortari, que “robó, pero reformó”.
Otros seguidores panistas ya están de lleno, aquí o allá, en el gobierno, en el federal o en el de tal estado o municipio, haciendo su luchita con poco o mucho decoro. De todo hay. Casi todos totalmente imbuidos de la lógica del poder. Lamiéndose las heridas de una reciente derrota electoral, buscando culpables cercanos. Calculando su futura carrera política.
Bien, aquí estamos. Ahora necesitamos de los “priístas responsables” para evitar el naufragio final. Algunos debe haber, a quienes la zanahoria del poder y las lecciones del pasado podrían haberles enseñado que el país es más importante que las mezquinas luchitas electorales.
Tragedia, dice el diccionario, es “una obra dramática cuya acción presenta conflictos de apariencia fatal que mueven a compasión o a espanto, con el fin de purificar estas pasiones en el espectador y llevarlo a considerar el enigma del destino humano, y en la cual la pugna entre libertad y necesidad termina generalmente en un desenlace funesto”. Nuestra única esperanza es un triste adverbio –“generalmente”- que abre un pequeño resquicio: No siempre tiene que ser así.
Tomado de Asuntos Capitales
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COMENTARIO DE WG
¿Conque se echaron a perder los panistas? Bueno, ¿de qué te extrañas? Pasará exactamente lo mismo siempre que unos pocos manejen el dinero/los recursos de muchos. No importa si es PAN, PRI, PRD o cualquier otra cosa. Porque en eso -en manejar uno los recursos de muchos- consiste precisamente la logica del poder (democrático).
Pero si lo que tú buscas son Verdaderos Estadistas -dado que... ¿cómo dijiste?... Ah, sí: "No siempre tiene que ser así"-... sugiero que te vayas derechito a la Sección Amarilla. En la V de Verdaderos, o en la E de Estadistas. O puede que en la F, de Funcionarios que sí rinden cuentas. A lo mejor ahí te encuentras un Churchill o un Olof Palme para México.
Y si lo encuentras me avisas. Aunque yo sigo creyendo que no lo necesitamos. Ni del PAN ni del PRI ni del PAN+PRI ni de ninguno. Lo que necesitamos es no un estadista sino un sistema honesto. Y la democracia no lo es ni puede serlo...
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22/09/2009
Diez principios contra la expoliación fiscal


Contribuyentes cautivos de todos los países, ¡uníos!
Diez principios contra la expoliación fiscal
por Godofredo Rivera
Calderón está tratando de corregir su populismo, pero nada nos garantizará que en cuanto obtenga nuevos tributos los utilizará de manera eficiente. De ahí la observancia de al menos estos diez puntos...
En las próximas semanas se discutirá en comisiones legislativas la propuesta fiscal calderonista. No sé cuales serán los impuestos nuevos que se aprueben, pero como liberal defenderé los siguientes diez principios contra el abuso de los impuestos, contra la expoliación fiscal de los contribuyentes:
1. El Estado no es el propietario originario de la riqueza natural ni de riqueza alguna. Los individuos forjan la propiedad privada a partir de su acción transformadora sobre la naturaleza y el intercambio voluntario.
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La Realidad Fiscal Mexicana 1

Los ricos, los que más impuestos pagan
La Realidad Fiscal Mexicana (parte 1)
por Rodolfo Sosa
La Gran Fábula
Empecemos con la gran fábula, el mito, que, empezando por los políticos, siguiendo por la comentocracia, izquierdista por supuesto, y que es mayoría, y terminando por fiscalistas, y falsos sindicatos empresariales de que en México se pagan pocos impuestos.
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19/09/2009
Gran manifestación anti-impuestos, anti-socialismo y anti-Obama en Washington
We don´t want socialism; we want our freedom back!
Fue... ¡lleno total!
Ojalá hubiera sido en el Zócalo...
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Carta de Germán Dehesa a Carstens
Lo acabo de ver en la TV y quedé francamente sorprendido. Por boca de usted vine a saber que la Secretaría a su digno cargo planea para septiembre un aumento en los impuestos. Dijo usted esto y se quedó con rostro muy satisfecho y bonachón, haga de cuenta Oliver Hardy cuando lograba pedir su refresco de sasafrás. No es por molestarlo, Don Carstens, pero de una vez le voy diciendo que me niego y me negaré rotundamente a aceptar esa alza que, tal como fue presentada, más parecía una “puntada”, que algo bien razonado y de cara a la ciudadanía. Ustedes hacen sus reunioncitas para tomar decisiones que afectarán a todos y así, sin la menor explicación, nos anuncian esos cambios que siempre son, según ustedes, “para bien de la patria”. Cada vez que nos hacen su perrería pretenden aplacarnos diciendo que todo es para servirnos mejor. A mis 65 años de edad, he tenido ya tiempo suficiente para comprobar que no hay cambios sustanciales que avalen lo dicho por la alta burocracia. Es decir, nuestros servicios siguen siendo de chisguete y para comprobarlo basta observar el ominoso y tornadizo comportamiento de la energía eléctrica en nuestros hogares cualquier tarde lluviosa. Es un desastre, como lo es el campo, como lo son esos hospitales rurales que, al poco tiempo de su inauguración, ya han sido saqueados y desabastecidos. Miremos hacia la educación y de ninguna manera miramos el afable e inteligente rostro de Don Pablo Latapí, sino el de la Gordillo, esa mancha escurridiza, deforme y acuosa, o asomémonos a nuestros corruptísimos cuerpos policíacos que ya no pueden ser más ignorantes, más miedosos, más impreparados y más dispuestos a transar con la delincuencia. Junto a esto, veamos los crecientes salarios y prebendas de los diputados, senadores y toda la caterva de “los que ya llegaron”. Ellos, no nosotros, son los únicos beneficiarios de estos aumentos que, de tiempo en tiempo, se les ocurren a los de nuestra casta dominante.
Mi estimado Don Carstens: ¿quiere usted subir los impuestos?, bueno, pero primero díganos por qué, explíquenos de modo sencillo cómo es que no le están saliendo las cuentas y necesita más dinero; dinero que, no lo olvide, sigue siendo nuestro y nunca de usted. Los países que llamamos “democráticos” están obligados a tener un gobierno al que tienen que mantener para que éste, entre otras cosas, administre bien el dinero que ponemos en sus manos y lo aplique con tino y rectitud. Resulta, Don Carstens, que ahora va a necesitar más y yo ciudadano y causante tengo todo el derecho a preguntar: ¿para qué lo quiere?, necesito que nos muestre una lista puntual y desglosada de a qué se van a aplicar esos nuevos dineros; de otra manera, esto sería pachanga y un flagrante abuso de autoridad de su parte.. Quedamos claros: si no me explica para qué lo quiere, no le voy a dar ni un centavo de mi dinero que en este año horrendo he podido reunir con trabajos y chambas que ni usted, ni sus diputados pueden imaginar. Hacer el anuncio del aumento al tiempo que los periódicos denuncian los gastos imbéciles de la Presidencia y de su administración, es un insulto intolerable. No pago porque no es ético y háganle como quieran.
Germán Dehesa

Tomado de: Razón y Palabra
Nace en España el P-Lib, Partido de la Libertad Individual

EN SU PRESENTACIÓN, LA GENTE DEL Partido de la Libertad Individual DICE:
El P-Lib es el nuevo partido político que ha nacido en 2009 como alternativa al colectivismo de izquierdas y de derechas.
Somos el único partido político que ofrece a la sociedad un liberalismo profundo, desacomplejado y orientado por igual a la economía y a todos los demás aspectos de la vida.
Proponemos el liberalismo del siglo XXI, que completa su tradición clásica con las mejores aportaciones de su evolución libertaria a lo largo de las últimas décadas. Nuestra economía se inspira en gran medida en la Escuela Austriaca, y nuestros planteamientos filosóficos en el pensamiento racionalista y en el objetivismo randiano. Realizamos un esfuerzo permanente por actualizar nuestras políticas para ofrecer al ciudadano soluciones no dirigistas a los problemas de nuestra época.
Para nosotros la libertad de la persona es el valor supremo, y pensamos que el orden espontáneo de la sociedad y de la economía es superior a cualquier forma de organización y planificación estatal. Creemos en una sociedad de hombres y mujeres soberanos de sus vidas y conscientes de su unicidad, de sus derechos, de sus responsabilidades y de la extraordinaria importancia de su propia libertad.
Según el artículo octavo de los vigentes Estatutos, la misión del P-Lib es:
Conquistar las más altas cotas posibles de libertad para la persona, devolviéndole el poder que le ha sido sustraído por las diversas formas de colectivismo económico, social, cultural y político.
El artículo noveno define con mayor precisión los objetivos del Partido de la Libertad Individual.
Somos un partido diferente de las demás fuerzas políticas. Para conocernos mejor, visita la página "quiénes somos" o nuestra sección de preguntas frecuentes, o bien contacta con nosotros.
ALGUNAS CAMPAÑAS DEL P-LIB SON:
Reducción drástica de impuestos; proporcionalidad fiscal; servicios privados para todo mundo; libertad de horarios comerciales; pensiones por capitalización personaliazada; legalización inmediata de las drogas; derecho al aborto...
Página del P-Lib
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¿Qué hay de los anarquistas? ¿Deben apoyar a un partido, esto es, a un ente que, aunque defiende la libertad individual, también persigue el Poder?
A Chena opina que SÍ. Sus argumentos son:
Ha nacido el partido de la libertad individual y ya se ha desatado el debate entre los libertarios. La historia de siempre: muchos anarquistas opinan que es un despropósito, una inmoralidad, una pérdida de tiempo, etc... Yo sin embargo lo defiendo y pienso afiliarme.
A los críticos digo lo siguiente: dado que todos creemos en el libre mercado, apliquemos su lógica al mercado de los medios a utilizar. Los agoristas que vendan agorismo, los desobedientes civiles que desobedezcan, los que apuestan por la cultura que culturicen. Yo, por mi parte y en este momento de mi vida, apuesto por un partido por las razones que seguidamente mencionaré. Dejemos así que sean los libertarios quienes decidan que medios son los más idóneos.
En cualquier caso, si de algo no andamos sobrados, es de medios a utilizar, y en mi opinión cuantos más mejor. Además la mayoría de estos medios no son incompatibles entre sí.
¿Por qué opto por un partido político? Antes de explicarlo (brevemente, esto no pretende ser un tratado de politología) veamos alguno de los otros métodos:
1- Desobediencia civil: si opto por la desobediencia civil y dejo de pagar impuestos iré a la cárcel y me confiscarán mis bienes. Además, para que la desobediencia civil sea útil debe darse de forma masiva. Todos amamos a Thoreau pero su acción de dejar de pagar un dólar no sirvió para nada, el dólar lo pagó su familia y además sólo pasó una noche en la cárcel. Para colmo Thoreau tenía pocas propiedades que pudieran ser confiscadas (a parte de que el estado americano no tenía en aquellos tiempos ese poder confiscatorio), así que ser desobediente civil no le resultó tan gravoso. Hoy en día, por el contrario, no pagar impuestos supondría graves perjuicios y es ilusorio esperar que una cantidad significativa de gente esté dispuesta a ir a la cárcel por ello. La desobediencia civil puede ser muy útil como puntilla final de un régimen. En esos momentos en los que un régimen se ha descompuesto tanto que lo único que falta para que caiga es un martillazo final. No estamos en esos tiempos. Esto va a ser una carrera de fondo. Un camino largo.
2- Agorismo: es un poco lo mismo de antes. Los empresarios son minoría en la sociedad. Ya ahora lo son. Pocos de ellos estarán dispuestos a entrar en un mercado gris o negro porque los riesgos para ellos y sus familias son enormes. De modo que los agoristas serán aún menos y su impacto social ínfimo. Además el agorismo es una forma de activismo y por tanto no basta con que un empresario entre en el mercado negro o gris, es necesario que lo haga con conciencia política. Cualquier empresario sabe lo duro y sacrificado que es ser empresario. Pedirles a algunos que conozco que después de desvelos, jornadas de 12 horas y todo tipo de preocupaciones, lleguen a su casa y se pongan a leer a Samuel Konkin III es de verdad no estar en el mundo. El agorismo como autodefensa personal frente al estado me parece genial, tiene muchas posibilidades. Creo que ofrece oportunidades para obtener bienes y servicios al margen del latrocinio del estado, pero como medio de cambio social me parece inútil.
3- Difusión cultural: esto implica editar, ya sean libros, blogs, documentales. También dar charlas, conferencias, etc... Todo esto está muy bien y es necesario pero bueno...tenemos unos medios de comunicación controlados por el estado que por cada mensaje libertario que nosotros colocamos colocan cien mil mensajes estatalistas. Por si fuera poco existe toda una galaxia de extrañas ideologías minoritarias y grupúsculos religiosos que también compiten por la atención de la gente. Ante todo esto, ¿cuál creéis que es el efecto de nuestros mensajes? Sin apenas recursos, ¿qué creéis que se puede conseguir?
Opto por un partido por lo siguiente:
Son las leyes del estado las que dicen que si no pagas vas a la cárcel. Cambiemos las leyes. Para ello sólo hay una forma: desde las instituciones.
Son las leyes las que dicen que diversos bienes y servicios son ilegales, o necesitan de licencias para su producción/comercialización. Cambiemos esas leyes. Sólo hay una forma: desde las instituciones.
Son las leyes las que, en definitiva, coartan nuestras libertades. No existe una sociedad sin leyes. De nosotros depende que esas leyes sean justas o no, y las leyes, hoy por hoy, se producen en las instituciones del estado.
¿Queremos que nuestras ideas se difundan? Si no estás en los medios de masas no existes. Si quieres que te conozcan, los medios deben enfocarte y para ello debes estar en las instituciones, en el debate político diario y cotidiano que se da en los medios y en la calle.
Me encanta la historia y no conozco ni un solo caso en que se haya podido realizar un cambio significativo y duradero en la sociedad sin la toma del poder. Lo sé, esto suena duro y peligroso, pero la historia es tozuda: si tu no tomas el poder lo hace otro. De nosotros depende que sean los libertarios los que transformen la sociedad o que lo hagan los estatalistas.
La discusión minarquistas-anarquistas me parece improductiva dada la actual situación de estatalismo sin freno. Estamos tan lejos del estado mínimo o de la anarquía que me parece una discusión fútil.
Cuando tenía dieciséis años hice el camino de Santiago junto a mi padre y algunos amigos. Recuerdo que discutimos antes de empezar si ir hasta Santiago o continuar luego hasta Finisterre como muchos peregrinos hacían en otros tiempos. Después de mucho discutir (que si estaríamos cansados, que si sería más costoso, que si sería más bonito, etc...) llegamos a la conclusión de que cuando estuviéramos más cerca de Santiago ya decidiríamos que hacer.
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Yo digo también que SÍ, pero BAJO CONDICIONES:
Las críticas de Chena a las estrategias de desobediencia civil, agorismo y difusión cultural son contundentes.
De todas maneras, el P-Lib no deja de ser un partido. Y eso significa... que los políticos meterán su cuchara ahí. Y habrá un montón de filósofos opinando y diciendo sandeces. Además, no es nada difícil que los progres -la izquierda- se apoderen de él y el estado "mínimo" se transforme en estado de bienestar. Ya me los imagino diciendo: "Apoyamos la libertad individual, el derecho al aborto, etcétera etcétera... pero, mmm, un momento, compañeros de partido: ¿no les parece que no puede haber libertad individual si antes no hay auténtica libertad social [traducción: subsidios], si antes no hay auténtica democracia [trad: más subsidios a los más pobres y más impuestos a los más ricos], y si no ponemos la ética encima de la economía [trad: ingeniería socialista]?". ---Y listo: con eso, poquito a poquito, el liberalismo del P-Lib se convertirá en socialismo. Esto es, en anti-liberalismo. Y ni cuenta nos vamos a dar...
Yo votaría por el P-Lib siempre y cuando incluyera en su programa o plataforma el rechazo explícito del concepto de "soberanía del estado" y el derecho de los rebeldes, disidentes y/o anarquistas a separarse del estado por vía pacífica e inmediata. Después de todo, minarquistas y anarquistas podemos vivir -al menos teóricamente- juntos, aunque separados.
Si no hay eso, sospecharé que el P-Lib es más de lo mismo. Y en tal caso consideraré preferibles la desobediencia civil, el agorismo, etc. Los métodos tradicionales del anarquismo.
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18/09/2009
Movimiento por la República de Sierramadre
República de Sierramadre, o Sierra Madre: un nuevo país independiente, formado por COAHUILA, NUEVO LEÓN y TAMAULIPAS. Tal como ocurrió, durante unos meses, en 1840, con la República de Río Grande.

Página del Movimiento República de Sierramadre
Blog
Nacionalistas y enemigos de las secesiones, les sugiero comenzar con la sección de Preguntas Frecuentes del Movimiento.
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Sólo un comentario (por el momento): En lugar de una república de Sierramadre, ¿qué tal una confederación de las regiones autónomas de Sierramadre?
Una introducción a las ideas secesionistas, aquí.
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10/09/2009
Timorato o estadista. Algunas sugerencias, señor Presidente
Tomado con y sin autorización de Asuntos Capitales
Timorato o estadista: Algunas sugerencias señor Presidente
por Godofredo Rivera
7 de Septiembre de 2009
Señor Presidente, es hora de decidir si proseguir al estilo rancio priísta ó verdaderamente comportarse como el estadista que México necesita.
Veo al Presidente Calderón muy confundido. La cruda realidad lo puso en su lugar. No creo que esté convencido en retirar totalmente su política keynesiana de múltiples subsidios, pero sí estoy seguro que ya está consciente de que no puede ya aumentar el gasto público irresponsablemente y, por el contrario, tendrá que revisar recortes al mismo. Así lo indican al menos sus declaraciones en el contexto del informe presidencial.
Por otro lado, es preocupante que el Presidente siga pensando que sus “programas sociales” están por encima del contribuyente. Por lo menos así lo dejó ver en una de sus varias entrevistas a los medios de comunicación. Sigue obstinado, empecinado en su costoso programa de cobertura universal médica, programa que cubriría médicamente a todos los mexicanos, independientemente de sus ingresos.
Ya el seguro popular implica gasto público creciente, que deberá en el futuro tener su contrapartida en ingresos para mantenerse y no convertirse en un desastre financiero. Otra erogación costosísima es, y será más en el futuro, la cobertura médica de todo mexicano nacido en el sexenio calderonista.
Si el Presidente quiere agregar a su populismo médico, la cobertura médica universal de todos y cada uno de los mexicanos (como también lo desea erróneamente Obama en EU), se topará con la cruda realidad, con los recursos escasos, con la debilidad de las finanzas públicas. Pero insisto, si el Presidente sigue empecinado, entonces querrá subirnos los impuestos a todos lo mexicanos, lo que es totalmente injusto.
Por lo pronto y dadas sus dudas, le sugiero al Presidente los siguientes recortes al gasto, y, ajustes, que con firme decisión y liderazgo, podrían llevar a México a crecer espectacularmente en el futuro. Créame señor Presidente, estas acciones no afectarán a México en un ápice, por el contrario nos beneficiaran a todos los mexicanos.
A continuación sugiero al Presidente:
--Que recorte la mitad del personal activo de PEMEX. Que se las ingenie para saltarse al sindicato corrupto priísta. Ello implica ahorros millonarios.
--Que liquide a la nefasta, ineficiente y corrupta Compañía de Luz y Fuerza del Centro, que año con año chupa del contribuyente miles de millones de pesos. Que aproveche la actual discordia sindical. Es hora de crear un mercado privado competitivo de electricidad (no crear un monopolio privado, sino un mercado de varios participantes que compitan por ganarse al consumidor; eso del monopolio natural en la electricidad es puro cuento; luego escribiré con detalles de este asunto) en la zona metropolitana.
--Que liquide a la burocracia parasitaria cultural y deportiva de la CONADE y CONACULTA. No es la misión del gobierno el formar artistas y campeones deportivos. Ello incluye liquidar toda participación en la televisión vía canales televisivos costosos. No es la misión del gobierno educar y dar cultura. Cuando ésta se da es a discreción del burócrata en turno.
--Que liquide a las secretarías de Turismo, de la Reforma Agraria y de Agricultura. También debería hacerlo parcialmente (para liquidarla totalmente al final) con la Secretaría de Economía. Para ello el Presidente necesita fajarse los pantalones y eliminar todo subsidio al campo y a la industria como en su momento de crisis lo hicieron países como Irlanda y Nueva Zelanda. Este último posee uno de los mercados agrícolas más prósperos del mundo que no usa subsidio alguno. Créame señor Presidente, se puede.
--Que liquide a la ineficaz Secretaría de la Función Pública que sólo inhibe la actuación honesta de servidores públicos en el ejercicio del gasto público. Me pregunto ¿es el gobierno quien debe auditarse asimismo? Por supuesto que no. Esa mentira se la tragó Fox.
--Que liquide buena parte de los programas de la SEDESOL, para luego desaparecerla. No es la transferencia creciente de recursos federales lo que acabará con la pobreza. Los millonarios recursos que se entregan a la burocracia de esta secretaría serían más útiles a los pobres vía el subsidio directo. Aquí albergo pocas esperanzas, pues el Presidente cree que sólo el gasto público acaba con la pobreza. Ojo señor Presidente, la evidencia es que es la inversión privada y la capacitación vía la educación básica eficiente (sin corruptos sindicatos) son factores que realmente contribuyen a la disminución de la pobreza. Creer que dar y dar más dinero, creer que presupuestos públicos contra la pobreza cada vez más gordos son la solución a la misma, es vivir en el "paraíso de los tontos." Ojalá el Presidente revise la historia de los países asiáticos (los tigres) que sin recursos, sólo con el talento humano, fueron capaces de sacar de la miseria a millones de seres humanos.
--Que elimine todos los aranceles no sólo con EU, sino con el resto del mundo, así como echar atrás la última medida arancelaria contra EU, que se tomó como revancha a la decisión de Obama en materia de transporte, y que ya ha causado millones de dólares en pérdidas a los importadores y consumidores mexicanos.
--Que Obligue a las universidades públicas a vivir cada vez del mercado, en especial a la costosísima UNAM. Es inaceptable que alumnos de clase media y ricos no paguen por su educación. Para los estudiantes pobres el subsidio sería temporal y por la vía de créditos que luego se cobrarían a tasas de interés de mercado.
--Que disminuya drásticamente el personal de la SEP (esta secretaría podría luego desaparecer y no pasar nada; la existencia de la SEP en nada ha servido para hacer de la educación en México una de nivel de excelencia; sólo ha burocratizado la educación) pues es una entidad que sólo burocratiza y obstaculiza a las instituciones educativas que no viven de la ubre del gobierno, y sí en cambio, del mercado, de la satisfacción de necesidades a los particulares.
--Que emprenda una reforma tributaria que obligue a los estados y municipios a hacerse crecientemente responsables en materia de gasto público. Se acabaron los tiempos de sólo exigir mayores transferencias y facultades para gastar. Es hora de enfrentar también las responsabilidades en materia de recaudación.
--Que liquide a la estructura costosísima de IMSS e ISSSTE y cree el sistema de cuentas individuales de ahorro médico. Para los pobres, la atención médica seguiría a través del seguro popular (que elegirían a clínicas privadas y no a los ineficientes IMSS e ISSSTE). Para la clase media, es de vital importancia darles la oportunidad de elegir a su proveedor médico, y vía sus propios ahorros, solventar la atención médica para evitar abusos como ocurre en EU. Ya al día de hoy muchos de los usuarios de IMSS e ISSSTE gastan en medicina privada por la ineficiencia e ineficacia gubernamental en materia de atención médica. Los ricos se atienden en el extranjero, así que es ilógico y estúpido que el Presidente quiera cubrirlos.
--Si el paso anterior no se da, entonces además de recortar el número de diputados y senadores, es de vital importancia eliminar los millonarios seguros privados que le son asignados. Si los políticos defienden tanto al Estado, entonces deben atenderse en el ISSSTE ó pagar medicina privada de su propio sueldo.
--Que deje la investigación científica al sector privado como ocurre en EU. Ello implicaría eliminar al ineficiente, burocratizado y costosísimo CONACYT.
--Que elimine todo gasto gubernamental millonario destinado al proselitismo en medios carísimos como la televisión.
--Que elimine a toda la banca de desarrollo que con el tiempo sólo heredan deudas costosísimas a los contribuyentes. El abuso de los créditos subsidiados no sirve para apoyar a las medianas y pequeñas empresas. Más le sirven a las mismas el reducir el costo de abrir y operar, el reducir costo de la seguridad social, el reducir el costo y la complejidad del pago de los impuestos y el brindar una mayor protección a los derechos de propiedad.
--Que elimine todas las transferencias millonarias de las utilidades a los sindicatos de empresas como PEMEX y CFE.
--Que elimine el impuesto confiscatorio llamado “reparto de utilidades.” Este tipo de impuesto confiscatorio fue producto de los socialistas del PRI empeñados en quitarle ganancias a las empresas que honestamente las obtuvieron. Este tipo de impuesto sólo existe en México. No es posible que se robe a las empresas de este vil modo.
No soy ingenuo, y sé que el Presidente no tomará todas las medidas anteriores por los costos políticos que implican. Per él mismo lo dijo, hoy son necesarias las reformas deseables, no sólo las posibles. Dado lo dubitativo que veo al Presidente, ahí están algunas sugerencias para eliminar lo inútil dentro de la administración pública. La enorme mayoría no necesita de la aprobación del Congreso. Que no se diga que no hay tela de dónde cortar.
Además de estas medidas, el Presidente deberá proseguir con terquedad de santo con las reformas estructurales. No debe ya conformarse con “contentar” al PRI. Sí, es cierto, debe negociar, pero ello no implica renunciar a los ideales. Yo prefiero que el Presidente en todo caso, de no lograr lo deseable, mejor denuncie a los políticos que las obstaculizan y entonces sí, ya los electores nos las cobraremos en las siguientes elecciones. Ojalá lo haga así, pues ya vio que lo timorato, el someterse al PRI, en nada le benefició electoralmente.
Señor Presidente, es hora de decidir si proseguir al estilo rancio priísta ó verdaderamente comportarse como el estadista que México necesita.
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Comentario de WG: URGEN liberales como Godofredo. No flemáticos y no soberbios.
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09/09/2009
Y seguimos con los grandes cambios
Hasta ahí los únicos puntos acertados de la propuesta. El resto es un conjunto de despropósitos que me hacen pensar que los asesores de Calderón jamás aprobaron un curso de introducción a la teoría económica. Convencidos del mantra keynesiano del gasto público, se ha propuesto crear nuevos impuestos y elevar los ya existentes. El ISR subiría hasta un 30% - el IETU se mantiene intocable -, con lo que el ahorro - esa variable tabú para los keynesianos - seguiría cayendo. Se propone, además, un nuevo impuesto al consumo del 2%, o lo que no es más que un eufemismo para el IVA, sólo que éste se aplicaría también el alimentos y medicinas, mientras que los demás productos, para casos prácticos, tendrían una carga impositiva del 17%. El impuesto a los depósitos se incrementaría a 3% y el monto a gravar sería de 15 mil pesos - diez mil pesos menos que antes. El alcohol, los cigarros y vicios en general (juegos, televisión, Internet, etc) también serían sujetos a un alza en sus respectivas tarifas y/o precios unitarios. Todo esto bajo la idea de que con una buena cantidad de recursos será posible que el gobierno eche mano de los multiplicadores del gasto público - y cualquier persona más o menos enterada de teoría macroeconómica sabrá que el multiplicador positivo del gasto público es mayor al multiplicador negativo y contraccionista de los impuestos, por lo que el resultado, al menos matemáticamente, siempre es beneficioso para el producto.
Lamentablemente la experiencia nos ha mostrado que los multiplicadores son sólo una bella deducción matemática que ya algunos autores han refutado por medio de la reducción al absurdo. Además, como nos muestra la teoría austriaca - o el sentido común - los periodos de depresión económica se deben a que se invirtió en proyectos que no eran rentables y que no reflejaban la información económica, misma que fue distorsionada en algún momento por la autoridad monetaria. El caso de México no fue tan dramático porque es cierto que la crisis fue importada debido a que nuestro sistema financiero no está tan desarrollado - de ahí que la nuestra fuera una recesión de la segunda oleada de la catarsis del primer mundo. En todo caso, las crisis requieren que el ahorro crezca para que en un futuro los recursos puedan ser reasignados a modo de inversión. El exceso de impuestos sólo logra que la productividad sea castigada y que, por tanto, no haya incentivos para que los empresarios reanuden con intensidad la actividad económica. En cambio tienen que elevar precios para compensar sus pérdidas, a lo que la demanda responde con una caída - una ley de primer semestre. Si los empresarios no pueden recuperar sus ganancias de ese modo, no queda de otra que reducir el personal.
Si no, que Calderón le pregunte a los españoles si han podido salir de la recesión a fuerza de incrementar el gasto público y los impuestos.
02/09/2009
El Inepto llama a grandes cambios
Grandes Cambios.
¡Ahora sí está pensando en México!
(no en sus amigos)
¿Y qué creen? Pues nada, que van a subir los impuestos. Y la gasolina y la luz.
Porque... claro... para los Grandes Cambios... se necesita mucho dinero.
Y también porque... ¿qué creen?... ¡ahora sí va en serio!
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¿Cómo ven? ¿Le creemos? Pues sí, propongo que sí. Pero que antes dé una señalita de que de verdad piensa en México (y no en la clase política)... ¿no?
Por ejemplo, que proponga de inmediato... repito: DE INMEDIATO:
---Cero subsidios a los partidos
---Reducción del 90% del presupuesto del IFE
y
---Reducción del 70% en los sueldos de diputados, senadores y altos funcionarios del Ejecutivo.
Y si los diputados y senadores le rechazan a eso (como seguramente va a pasar)... pues que Calderón en persona los denuncie por la televisión, ¿no? Así como da su informe por la tele, pues que ahora haga una denuncia. Para que nosotros, México, nos enteremos, por boca de nuestro Presidente, de que lo que hacen "nuestros representantes", los diputados y senadores. Claro que sí: que los denuncie públicamente. Al fin que (se supone que) ahora sí el señor Presidente está pensando en nosotros, ¿no?
A ver... a ver si de veras va en serio eso de que está pensando "en México".
Que si no... pues ya sabemos: sus Grandes Cambios no son otra cosa que más de lo mismo.
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17/08/2009
Un ave de mal agüero
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Pesimismo de ojos abiertos
Por: Jesús Silva-Herzog Márquez
Tomado de El blog de Jesùs Silva-Herzog Márquez
Esta semana le colmé el plato a un lector. Mi artículo más reciente le resultó a tal punto indigesto que decidió no volver a leerme. Me lo anunció hace unos días. Una frase desbordó el vaso de una paciencia de la cual, al parecer, fui abusando poco a poco. Hace una semana escribí “el futuro que nos aguarda es aterrador”, y a mi ahora exlector le pareció demasiado. No dudo que los motivos de la despedida sean más amplios, ni cuestiono que estén perfectamente justificados, pero me concentro en la frase que menciona en su mensaje como la gota del hastío. Releída, la oración perpetrada es, en efecto, irritante. Un vaticinio más propio del cine de horror que de la crítica política. La frase embonaría bien ahí, en una película de Wes Craven. Un desquiciado con máscara se acerca a un grupo de presos indefensos y les anuncia que su futuro es aterrador. En efecto, la expresión resulta alterada y estridente en un artículo dizque analítico. tienda virtual
Me resulta valiosa la llamada de atención porque descubre en mí una licencia apocalíptica de la que no era del todo consciente y que, por cierto, no se asoma en el polo contrario. Jamás podría haber cometido una frase paralela que anunciara no el terrorífico futuro sino el mañana esplendoroso. No imagino la ocasión que pudiera llevarme a anunciar que el futuro sería resplandeciente y jubiloso. De encontrarme con alguien que dijera que el mañana sería celestial, también le anunciaría mi despedida. Sin embargo, bien que pude tolerar la proposición contraria. Dudo que esta propensión por la catástrofe sea una aflicción personal. Tal parece que se trata de un síndrome común, un aire de los tiempos. Los permisos que damos al pesimismo son infinitamente más amplios que los que concedemos al optimismo. En cuanto levanta la cabeza un dato positivo tendemos a desacreditarlo, a dudar de él y a oponerle en seguida una legión de evidencias de la desgracia. Al optimismo lo llamamos iluso; al pesimista lo elogiamos como realista. Tal vez habría que oponer a ambas disposiciones la prudente reserva del escepticismo. Calderón de la Barca escribió una comedia cuyo título viene a cuento: “No siempre lo peor es cierto.” Perfecta réplica al pesimismo vuelto dogma. Lo bueno podría ser cierto.
Chesterton detectó una diferencia entre el pesimista y el optimista. El optimista, decía, es quien piensa que todo está bien en el mundo; menos el ciego del pesimista. El pesimista, por su parte, era la persona que estaba convencida de que todo estaba mal en la Tierra, menos él, que se daba cuenta de la verdad. Para el optimista, el único mal era el pesimista; para el pesimista, el único bien era él mismo. El apunte deja ver lo antipático que resulta el refunfuñón: un arrogante que se coloca por encima del mundo repartiendo condenas y juicios reprobatorios. Nada está a su altura, nadie alcanza su nivel. Pero hay dos expresiones del pesimismo que es necesario registrar: uno está anclado en el prejuicio. Cierra los ojos porque ya no necesita ver. ¿Para qué abrir los ojos si ya se sabe que el panorama es desolador? Cualquier experiencia le sirve para reforzar su dictamen calamitoso. El merolico de la catástrofe repite su cantaleta de desgracias, pase lo que pase. El otro pesimismo no es resultado de la ofuscación, sino resultado del escrutinio. No se defiende la probabilidad del mal por manía, sino por efecto de observación.
Quisiera pensar que mi pesimismo es un pesimismo de ojos abiertos y que está dispuesto a la sorpresa de lo bueno. Acepto la crítica a la expresión chillante de mi pesimismo. Sostengo, sin embargo, sus razones. Desde donde lo veo, el país va mal y no hay muchos hilos de dónde colgar la confianza de que enderece el rumbo. México está mal en sus escuelas y en sus cárceles; en su trato con la ley y con la naturaleza. A sus males ancestrales se ha apresurado a agregar males recientes. El deterioro es el signo del país desde hace varios lustros. Es un menoscabo constante, perceptible, mensurable. No es producto del PAN, ni de la alternancia, ni del pluralismo democrático, es cierto. Es una crisis vieja, profunda y extendida para la que el nuevo régimen no ha sabido pronunciar una sola palabra. La nueva política se ha dedicado a ignorar la crisis. A los grandes asuntos nacionales, responde con razones para la inacción. Hablo de un régimen porque las grandes fuerzas políticas parecen coincidir en lo elemental: lo necesario es imposible.
Ahí se funda mi pesimismo. No encuentro liderazgos, responsabilidad, alicientes para hacer frente a los peligros de México. Y nuestro deterioro no encuentra muro. Tal vez por eso debe subirse el tono. Si el actor político se ve forzado a endulzar el atractivo de sus promesas, el crítico también se ve obligado a subir el tono de sus advertencias. El futuro que nos aguarda es, en efecto, terrible.
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COMENTARIOS DE WG:
Todavía queda una esperanza, señor Silva-Herzog Márquez. Que es:
---El individualismo... en lugar de la democracia
---La economía de mercado... en lugar de la economía estatista/corporativista/socialista
---El derecho a la secesión... en lugar de "la nación soberana" y el pacto federal
Supongo que alguien dirá que soy ingenuo y utópico y romántico. La crítica de siempre contra los anarquistas. Pero he aquí un hecho (eso que tanto gusta a los amigos del "realismo"): hoy en día, algo así como el 50% de la economía en México es economía informal. Esos informales están haciendo hoy exactamente lo que México necesita: están poniendo en práctica el individualismo (trabajar para sí mismos, despreocupados de la democracia y los "derechos sociales"); están inmersos en la auténtica economía de mercado (el intercambio simple y directo, sin complicaciones, sin legislación o sobrelegislación, sin impuestos); y se están separando de facto del estado mexicano (están rompiendo el pacto federal, están practicando la secesión individual).
Esa economía informal es lo que salvará a México y a los mexicanos. Les guste o no les guste a los políticos, a los partidos y a los intelectuales. Les guste o no a los estatistas, socialistas, parlamentaristas y demás gente que quisieran que las cosas se hicieran "dentro del Estado de Derecho" (i.e., de modo tal que ellos puedan tenerlo bajo control).
Si de verdad hay hombres sabios en el gobierno mexicano, si de verdad queda algo de amor a México en la clase política, lo mejor y lo más prudente que pueden hacer es hacerse de la vista gorda y dejar en paz a esos informales. Para evitar el futuro aterrador de Silva Herzog Márquez.
Contraeconomía: el camino hacia la libertad
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20/07/2009
Secesionismo en México
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Ningún pueblo, y ninguna parte de un pueblo, deberían ser forzados a permanecer en una asociación política que no desean.
---Ludwig von Mises
Sobre la lucha -en el siglo xix- por una Confederación India de Sonora, independiente del estado mexicano, recomiendo leer el blog
Los caudillos Tánori
Para informarse sobre otros movimientos regionalistas, separatistas, independentistas o autonomistas en México, algunos contemporáneos, ir a
Localeando
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19/07/2009
Sonora podría ser autónoma
Una zona autónoma, o relativamente autónoma, dentro del estado mexicano. Algo como Hong Kong dentro de China. La anterior es la propuesta que Ricardo Valenzuela hace al gobernador electo de Sonora Guillermo Padrés. Copio aquí un pedacito para animar a los lectores a seguir leyendo:
Cartas para Guillermo Padrés, Gobernador electo
por Ricardo Valenzuela
Después de controlar esas hemorragias que amenazan la vida del paciente y estabilizarlo, el próximo gobernador deberá sufrir una transformación de su estilo, sus visiones, sus valores para no caer en los ya muy soportados mandatarios changarreros, rapaces, cuenta chiles que al agredir a un gobierno federal, cuyas arcas están vacías, sienten estar haciendo historia. Este hombre nuevo deberá asumir actitudes de estadista, soñador y visionario al estilo de un Lee Kuan Yew, el creador y padre de ese milagro llamado Singapur, quien en unos cuantos años convirtió el burdel más grande del mundo en un país moderno, un centro financiero de importancia mundial en el cual priva la ley, el respeto y se crea riqueza a borbotones.
Como la situación del Estado es grave, voy a ir en contra de mis principios liberales de sugerir cierta intervención “pasajera” del estado, puesto que estamos en una emergencia. Le aconsejo al nuevo mandatario proceder a elaborar un plan de rescate y rehabilitación estilo el Plan Marshal implementado especialmente para la Europa destrozada por la segunda guerra mundial—Ese plan fue confeccionado con el objetivo supremo de levantar al Continente de su lecho de muerte y regresarle, no solo la vida, la sanidad y la esperanza perdida. Pero debo de insistir, no cualquier plan burocrático, ya hemos tenido muchos y bellamente empaquetados que para lo único que han servido es para que los vívales que los preparan carguen honorarios mas ridículos que el contenido del mismo.
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Conviene visitar también la página de Free State Project
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17/07/2009
Hay que condecorar al presidente Calderón
Hay ahora un montón de gente que defiende al inepto Felipe Calderón en su guerrita contra el narcotráfico. El nuevo y genial argumento dice lo siguiente: Nada ganaremos con legalizar las drogas, porque entonces los narcos se harán secuestradores, cosa que de hecho ya sucede. Así que no... hay que seguir combatiendo al narcotráfico. ¡Siga valiente, Presidente!
Lo que esta gente no entiende es que la guerra contra las drogas crea muchísimos más problemas que los que resuelve. Como se dice en la Drug Policy Alliance,
muchos problemas que la guerra contra las drogas pretende resolver son, de hecho, problemas causados por ella misma, por la propia guerra contra las drogas. Los llamados "crímenes relacionados" son el resultado directo de la prohibición de la droga y de la distorsión de las leyes inmutables de la oferta y la demanda. Problemas de salud pública como el HIV y la Hepatitis C son exacerbados por las leyes de tolerancia-cero que obstaculizan el acceso a agujas limpias. La guerra contra las drogas no favorece los valores familiares, como algunos quisieran creer. Los hijos de los presidiarios corren riesgos como el fracaso escolar, el desempleo, la adicción y la delincuencia. El abuso de las drogas es malo, pero la guerra contra las drogas es peor.
Si las bandas de secuestradores son ya poderosas y están bien organizadas, es porque tienen bastante dinero... dinero que proviene, originalmente, del narcotráfico. Legalizar la droga sería la única manera eficaz de reducir la rentabilidad del narcotráfico, y, por tanto, la única manera de quitarles dinero y poder a los secuestradores. Y sería, también, la forma de emplear todos los recursos del Estado contra lo que sí es un crimen auténtico, el secuestro.
Pero no, seguro que El Valiente va a seguir con su guerrita. ¿No habrá manera de condecorarlo ya de una vez...

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No olviden pasarse por el nuevo blog La filosofía no sirve para nada
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01/07/2009
Porqué anularé mi voto/ Contra la Democracia
No sólo para quitar un poquitito de legitimidad a la corruptísima clase política mexicana.
No sólo para protestar contra el IFE y los partidos.
Sino también, y principalmente, para decirle NO a la democracia.
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Dad el poder a los pocos, y aplastarán a los muchos. Dad el poder a los muchos, y aplastarán a los pocos ---William Hamilton
Lo que está destruyendo a México (y al mundo) no es solamente la minoría rapaz de la que habla López Obrador. También es la mayoría rapaz... de la que no habla López Obrador. Pero la democracia no es otra cosa que el teatro de operaciones donde esas minorías y mayorías rapaces violentan los derechos del individuo. El día que la democracia conceda a los individuos el derecho a la secesión (*), sólo entonces creeré que es tan buena como dicen.
(*) Derecho a la secesión es el derecho a separarse, territorial y/o jurídicamente, de un cuerpo político. No confundirlo, pues, con el derecho a la emigración. Si los individuos que conforman una comunidad no desean pertenecer a un estado X, deberían tener la libertad para hacerlo por vía pacífica e inmediata. Si yo no quiero pertenecer al estado mexicano, no tengo porqué salir de México y abandonar a mi patria, a mi familia, a mis amigos, a mis tradiciones y a mis bienes. No soy yo el que se debe ir de México. Es el estado mexicano el que se debe ir de mi casa.
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La democracia como tiranía
[Reseña de Democracy: The God That Failed, de Hans-Hermann Hoppe]
por Keith Preston
En los 50's se publicó la colección de ensayos The God That Failed [El dios que fracasó]. El "dios" en cuestión era el comunismo soviético, y sus autores eran comunistas decepcionados que veían cómo su dios estaba fallando de muchas maneras. Hoy, medio siglo después, Hans Hermann Hoppe ofrece una penetrante crítica de otro ídolo fracasado: la democracia. El libro de Hoppe, Democracy: The God That Failed-The Economics and Politics of Monarchy, Democracy and Natural Order (Transaction Publishers, 2001) [versión en español: Hans Hermann-Hoppe, Monarquia, Democracia Y Orden Natural. Una Vision Austriaca De La Era Americana (Universidad de Murcia)], puede ser considerado el libro más importante de este siglo en filosofía política; y pudiera ser el comienzo de una nueva era en el pensamiento. Si la tesis de Hoppe es correcta -y sus argumentos son muy persuasivos-, él ha revolucionado la filosofía política moderna de una manera que alcanza dimensiones copernicanas.
Nacido en Alemania, profesor de economía en la Universidad de Nevada en Las Vegas, Hoppe es el continuador de la escuela "austriaca" de economía, que fue desarrollada por Ludwig von Mises y por su discípulo, Murray N. Rothbard. Mises es conocido por su crítica de la planificación centralizada en el socialismo de estado, y por su argumento de que tal planificación es, literalmente, una imposibilidad científica, en la medida en que carece de un mecanismo (como el sistema de precios de mercado) que le permita calcular correctamente la demanda de los consumidores -por lo que tal planificación está condenada a fracasar, provocando escasez de bienes esenciales, sobreproducción en otras áreas, una fuerza laboral improductiva y desmoralizada, un largo estancamiento económico y, eventualmente, el colapso. Mises nunca sintió el entusiasmo de su época por el marxismo y la socialdemocracia, y se adhirió siempre al liberalismo clásico y al utilitarismo que ya estaban ahí, desde los siglos xviii y xix.
Su discípulo, Rothbard, fue más allá. Unió la teoría económica “austriaca” con el anarquismo individualista norteamericano del siglo xix, y rechazó el utilitarismo en favor de una nueva teoría lockeana de derecho natural. De ahí derivó su idea de la propiedad privada como un derecho absoluto (definido de acuerdo al célebre principio lockeano de "primer ocupante/mezclar el trabajo propio"). Mientras que Mises aceptaba la democracia parlamentaria convencional como una forma de gobierno, Rothbard rechazaba al Estado en su totalidad e insistía en que incluso el control del crimen, los tribunales y la defensa podrían ser servicios proveídos por agencias privadas que operarían en un mercado libre. Rechazaba la democracia liberal, pero, de todos modos, la consideraba un avance respecto de los sistemas monárquicos y aristocráticos del Antiguo Orden.
Hoppe no está de acuerdo. Para él, la democracia no fue un avance, sino una degeneración que ha conducido a una mayor centralización, y a un estatismo, tiranía y destrucción social todavía peores. Hoppe admite que la calidad y la esperanza de vida han aumentado desde el advenimiento de la democracia, pero ha sido a pesar de ella -y no gracias a ella. Las mejoras en la condición humana han provenido del crecimiento de la economía de mercado, la división del trabajo, la industrialización, el avance tecnológico, la alta productividad, etc. La democracia no ha contribuido en nada, según Hoppe. Al contrario, ha sido un obstáculo para la mejoría económica: los avances habrían sido aún mayores sin el estorbo de los estados democráticos. Hoppe describe la historia de los sistemas políticos de Occidente como un movimiento que va desde el orden feudal y los territorios independientes (comparativamente, un orden menos estatista) hasta las naciones-estados y monarquías absolutas, luego hasta los modernos estados democráticos de welfare/warfare, y por último hasta las actuales fundaciones y corporaciones que ya van apuntando hacia un gobierno mundial en el futuro próximo. Para Hoppe, todo esto es el camino siniestro hacia el estatismo universal y la destrucción de la libertad y la prosperidad.
Un concepto fundamental de Hoppe es el de “preferencia temporal” [time preference], que designa el grado en que una persona prefiere la recompensa inmediata o la recompensa futura. Alguien con una preferencia temporal “alta” da más valor a la recompensa inmediata, y está menos dispuesto a sacrificar o posponer los placeres y el consumo inmediato. En cambio, alguien con preferencia temporal “baja” está más dispuesto a sacrificarse en el corto plazo, pensando en recompensas futuras. A más metas futuras tenga una persona, más dispuesta estará a trabajar, ahorrar, invertir, producir y posponer las recompensas inmediatas. Y tendrá, asimismo, un mayor grado de autodisciplina, responsabilidad personal y cooperación con otros. Consecuentemente, en una sociedad donde predominen las preferencias temporales “bajas” el nivel general de productividad, responsabilidad, cooperación y civilidad será mayor.
Según Hoppe, los gobiernos tienen el efecto social de elevar las preferencias temporales y reducir la voluntad de posponer las recompensas. En ese sentido, los gobiernos producen en la sociedad el mismo efecto que los desastres naturales o el crimen. Los desastres naturales (como inundaciones y terremotos) y los crímenes (robos y saqueos) disminuyen la oferta inmediata de bienes y servicios para las personas, y de ese modo elevan las preferencias temporales y reducen la cantidad de recursos disponibles para metas futuras. Los gobiernos provocan un efecto similar cuando gravan (con impuestos) los recursos acumulados por la personas, cuando devalúan las unidades de intercambio ("dinero") con políticas monetarias inflacionarias, cuando restringen el empleo de recursos a través de regulaciones y prohibiciones. Todo esto en conjunto reduce el ahorro, la inversión y el intercambio, lo cual provoca una reducción del nivel global de productividad y cooperación. De hecho, los gobiernos tienen un efecto aún peor que los desastres naturales o el crimen, puesto que la confiscación y agresión de los gobiernos contra los recursos de las personas es continua y permanente, mientras que los desastres naturales y el crimen son esporádicos y temporales.
Hoppe utiliza este concepto de peferencia temporal para comparar y contrastar los efectos de los gobiernos monárquicos y democráticos sobre la sociedad. Según Hoppe, los reyes tienen normalmente preferencias temporales “bajas”, y están más orientados al futuro que los gobernantes electos democráticamente. Las políticas decretadas por los reyes suelen inspirar entre la población conductas más saludables que las implementadas por los gobiernos democráticos. Bajo las monarquías, la nación es considerada una propiedad personal del rey. La nación es parte de su hacienda personal. Naturalmente, el rey desea aumentar el valor y la calidad de sus propiedades, y la prosperidad de su hacienda personal tiene que ver con la prosperidad de la nación en su totalidad. Asimismo, el rey desea aumentar la riqueza de la nación para su posteridad y su legado. Por lo cual no impone a sus súbditos una carga fiscal tan grande que reduzca la productividad general y la riqueza de la nación, y, consiguientemente, afecte su riqueza personal y la de su familia. Por el contrario, los gobernantes democráticos son solamente los administradores de recursos públicos. No pueden utilizar esos recursos una vez que dejan el cargo, ni pueden legarlos a sus descendientes. Por ello tienen un incentivo mayor para consumir los recursos en el presente, sin importarles el futuro. Y mientras más altos son los impuestos, de más recursos disponen para consumirlos ahora mismo. Tales recursos podrían utilizarse en el futuro para la creación de riqueza, pero eso no les importa a políticos cuyo cargo es temporal. De igual manera, como los gobernantes democráticos no son personalmente responsables por las deudas en que incurren, y como pueden transferir esas deudas a las generaciones futuras de contribuyentes, no tienen incentivo para la frugalidad en el presente, pero sí lo tienen para el derroche y la improvisación. Esto explica porqué los impuestos y la deuda pública son mucho más grandes bajo gobiernos democráticos que bajo gobiernos monárquicos.
La democracia, dice Hoppe, estimula la conducta irresponsable y predatoria, tanto entre la clase política como entre la población en general. Un rey obtiene su trono por herencia. Su carácter personal dependerá en gran parte del azar. Podrá ser un depredador vicioso, o un mediocre inofensivo, o quizá un individuo competente y justo. En cambio, los gobernantes democráticos llegan al poder vendiéndose a los votantes. Para tener éxito, deben ser, casi siempre, demagogos sin escrúpulos. El político democrático típico se hace de seguidores prometiendo reprimir o castigar a los grupos económicos o culturales que son rivales de aquéllos que lo apoyan. Bajo las democracias, la vida, la libertad y la propiedad de todo individuo corren peligro en cada elección. Diversas facciones se alían temporalmente con las masas populares y pelean entre sí. Se crea una situación donde A y B conspiran contra C, B y C conspiran contra A, y A y C conspiran contra B. La democracia viene a ser, pues, un mero sustituto de una guerra civil entre múltiples facciones excluyentes. La moralidad social degenera en guerra de todos contra todos. Al mismo tiempo, la constante represión y saqueo de algunos grupos para beneficio de otros disminuye la productividad de aquellos que son atacados, e incrementa a la vez la dependencia, la improductividad, la infantilización y la irresponsabilidad de los beneficiados con los frutos del pillaje. La tendencia general en esa sociedad es la de productividad en descenso, mientras que el crimen, la imprudencia y la incivilidad van en ascenso. Hoppe demuestra que esta es la tendencia actual en Occidente, en especial en la civilización norteamericana.
La democracia daña a la sociedad de otras maneras. Bajo la monarquía, hay una clara diferencia entre gobernantes y súbditos. Sólo la familia real y quizás a algunos pocos asociados o socios de negocios pueden entrar al gobierno. En cambio, en una democracia “todos” pueden entrar al gobierno, el cual es “del pueblo”. Los funcionarios electos son "los representantes del pueblo". La política del Estado es “la voluntad popular”. Y así por el estilo. El pueblo se percibe a sí mismo como un ser colectivo que mágicamente se gobierna a sí mismo. Disminuye la “conciencia de clase" entre la gente, y, por consecuencia, hay menos resistencia popular a los impuestos, a la legislación, a la deuda pública e incluso a la guerra. Las guerras emprendidas por gobiernos democráticos tienden a ser especialmente destructivas. En contraste, las guerras entre estados monárquicos eran, típicamente, guerras por la adquisición de territorios para el rey. El pueblo sabía eso, y oponía mayor resistencia a participar en tales guerras. La opinión popular limitaba la capacidad del monarca de imponer tributos o reclutar soldados, necesarios para continuar el esfuerzo bélico. Las guerras democráticas, por el contrario, tienden a ser guerras ideológicas. Las guerras se hacen “por la democracia", o para derrotar "al comunismo ateo", “el peligro amarillo" o “las hordas rojas", cuando no para “liberar al mundo de la pobreza y el temor” o "acabar con el terrorismo". Los recursos totales de una nación se someten al esfuerzo bélico. Los ciudadanos se ven a sí mismos como luchando por su "país", más bien que para su gobierno o para la clase dominante. Esas guerras se convierten en guerras "totales". La meta es la aniquilación completa del enemigo, más que la simple adquisición de un territorio. La distinción entre combatientes y no-combatientes se desvanece. La rendición incondicional del enemigo se convierte en el objetivo militar fundamental. Mientras que los reyes solían arreglar sus disputas mediante matrimonios o contratos, eso no es posible en la democracia. Aquí, la política exterior se organiza sobre una base de violencia.
Hoppe señala que hasta el comienzo de la Primera Guerra en 1914 sólo un puñado de naciones eran democracias -Estados Unidos, Francia, Suiza y, nominalmente, Inglaterra y Holanda. El resto de las naciones europeas eran monarquías. Desde entonces, la monarquía ha desaparecido completamente en favor de la democratización universal [las monarquías que aún perviven son nominales o simbólicas, más que reales]. El siglo xx fue testigo de un crecimiento masivo de los gobiernos, la proliferación de las burocracias, guerras totales y brutales, impuestos exorbitantes, inflación y devaluación de las monedas, centralización de los gobiernos, acumulación de enormes deudas públicas, quebrantamiento de la familia y la solidaridad comunitaria, mediocridad de las clases intelectuales, surgimiento de ideologías totalitarias como el comunismo y el fascismo, aumento generalizado del crimen, de la dependencia económica ante el Estado, de la irresponsabilidad personal y de los conflictos étnicos y culturales. El pronóstico de Hoppe para el futuro de la civilización occidental no es grato. Las deudas públicas en aumento, las cada vez mayores obligaciones estatales para el pago de seguro social, los costos de salud exorbitantes, las monedas inestables y las cada vez más grandes cargas fiscales, nos llevarán a un probable colapso económico. La tendencia actual hacia el gobierno mundial, las luchas étnicas y los ataques a las libertades tradicionales, así como las patologías sociales y el estado perpetuo de guerra entre las naciones, sólo pueden conducir a la tiranía, a la desintegración social y a una eventual destrucción de la civilización.
¿Cómo revertir estas alarmantes tendencias? Según Hoppe, lo primero es desechar esa idea de que podemos limitar de verdad el poder de los gobiernos -en particular, el de los gobiernos democráticos-, sea a través de constituciones escritas o de algún otro modo. El principal fallo de esa idea está en que las medidas legales y constitucionales para limitar al gobierno son interpretadas y aplicadas por los agentes de los propios gobiernos: por jueces y abogados, es decir, por personas que tienen un fuerte interés no en limitar, sino -al contrario- en expandir al Estado. Es decir, es el Estado el que se vigila y regula a sí mismo. Es como poner los ratones a cuidar el queso, y los zorros a cuidar las gallinas. El primer gran error del liberalismo clásico fue creer que el Estado era un mal necesario... en lugar de uno innecesario.
Hoppe defiende la eliminación total del Estado en favor de un sistema que él llama “anarcocapitalismo”, o también “anarquía de propiedad privada”, “orden natural” o “sociedad con leyes privadas”. Bajo ese sistema, todas las funciones del gobierno serían privatizadas, incluyendo la policía, los tribunales, las calles y la defensa. Las fuerzas armadas del Estado serían desmanteladas y serían sustituidas por mercenarios privados, milicias y guerrillas. El sistema judicial monopolístico del Estado sería eliminado y sustituido por agencias de arbitraje en competencia. La fuerza policiaca regular del gobierno quedaría abolida y sería sustituida por policías privadas que operarían sobre la base de contratos privados y honorarios por servicios realizados. La construcción y mantenimiento de calles y carreteras quedaría en manos de compañías privadas. Todo impuesto y legislación serían abolidos. Para llegar a todo ello, Hoppe propone movimientos locales de secesión, que a la vez trabajarían para asegurar la independencia total de su área. Como resultado de ello, proliferarían numerosas ciudades-estado y territorios soberanos muy parecidos a los actuales Liechtenstein, Mónaco, San Marino, Hong Kong o Singapur. Estas nuevas unidades políticas procederían entonces a privatizar todas las funciones gubernamentales y abolir al Estado.
El profesor Hoppe ha hecho un enorme contribución al mundo de la filosofía política. Su trabajo es el primer esfuerzo serio por proveer una crítica de la “democracia” moderna estatista, desde una perspectiva anarquista. En términos generales, Hoppe no dice nada nuevo, nada que no hayan dicho antes los teóricos anarquistas, como Godwin, Proudhon, Tolstoi o Rothbard. Estos y otros escritores han reconocido que el Estado es una clase explotadora que artificialmente se privilegia a sí misma, y que busca monopolizar la explotación dentro de una jurisdicción territorial particular. Los argumentos convencionales que intentan justificar al Estado, como la teoría del “contrato social” o la teoría del “consentimiento implícito”, fueron ya refutadas por Lysander Spooner y otros. En relación a esto, Hoppe no dice nada nuevo. Es en su crítica a, específicamente, los estados democráticos donde está la contribución valiosa de Hoppe a la filosofía política anarquista. La mayoría de la gente en las sociedades actuales reconoce como ilegítimos los estados monárquicos, aristocráticos, teocráticos, fascistas, comunistas y militaristas. Pero piensa que los estados democráticos son de un tipo diferente y que operan sobre la base de principios diametralmente opuestos a los de esos regímenes. Hoppe refuta hábilmente ese error tan común.
Suele decirse que la democracia es, simplemente, un sistema en el cual cuatro lobos y una oveja votan acerca de lo que cenarán esta noche, y a continuación los cuatro lobos se felicitan entre sí por ser tan ilustrados, por ser tan progresistas, y por haber votado antes de cenarse a la oveja. Es un absurdo lógico igualar la democracia y la libertad, tal como acostumbran hacerlo los filósofos y escritores convencionales y políticamente correctos. Un sistema donde los individuos y las minorías están a merced de las mayorías desenfrenadas, no es algo que pueda llamarse libertad. Y, sin embargo, muchas personas siguen creyendo que democracia y libertad son sinónimas. Más aún, hay quienes piensan que tener libertad es simplemente tener derecho a votar en un sistema multipartidista. La democracia suele utilizarse para justificar los crímenes estatales más atroces. Por ejemplo, en nombre de la democracia se justifica la tiránica guerra contra las drogas, con el argumento de que si la mayoría lo aprueba, cualquier acción contra los individuos es legítima. Los belicistas, que exigen una guerra contra el mundo musulmán en su totalidad, se justifican a sí mismos diciendo que Israel es "democrático", pero los árabes no lo son (de hecho, Israel es una teocracia racista). La conscripción militar se justifica también en nombre de la democracia. Después de todo, en Suiza la hay, y ¿no es Suiza es el país más democrático? Los estados democráticos no reconocen ningún límite a su "derecho" a exigir el pago de impuestos a sus ciudadanos... pues si "el pueblo" eligió un gobierno, el pueblo debe exigirse impuestos a sí mismo. Tanto los socialdemócratas como los conservadores tradicionales apelan a la "democracia" para justificar virtualmente cualquier acto de represión, desde las ordenanzas para el uso del suelo o la construcción hasta el control de armas, la censura o las leyes de confiscación de activos.
Los anarquistas, libertarios y anti-fascistas de todo tipo debemos reconocer que la abolición del Estado es un proyecto profundamente anti-democrático –esto, desde el punto de vista de las concepciones estatistas de la democracia. Las luchas políticas del futuro ya no serán entre izquierdistas y derechistas, ni entre liberales y conservadores, sino entre los anti-estatistas y sus adversarios estatista-democráticos. Es aquí donde deber ser clarificados los varios significados de la palabra “democracia”. En verdad, la democracia puede ser un excelente método para operar las comunidades u organizaciones voluntarias, tales como sindicatos, cooperativas, asociaciones de vecinos, iglesias o clubs de amigos. Sin embargo, hacer funcionar el aparato coercitivo del Estado como una “democracia” es invitar al desastre. El estatismo democrático es, simplemente, un disfraz, una fachada populista o mayoritaria, que utilizan los grupos que detentan el control del Estado para reprimir o robar a sus competidores económicos, culturales o ideológicos.
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[Traducción incompleta del texto de Preston]
Fuente
Trad: wg

